Hace tiempo que mi piel olvidó la textura de tu hojarasca, el
tacto de tu corteza, distinguir la más segura de tu ramas.

Mis ojos ya no ven en la oscuridad como antaño,
aquí siempre hay luz, que me entretiene como a las polillas.

Tú, guardián de las semillas, de los sonidos de la noche,
del viento entre las hojas, del delicado hummus de La Tierra,
he olvidado como era habitar en tu pecho.

Pero tu latido se siente desde lejos como si nunca me hubiera ido
y te añoro, sigues siendo mi hogar aunque ya no sepa cómo vivir allí,
eres la cuna de todos nosotros.

¿Tendremos hogar al que regresar cuando nos asfixie el asfalto,
el hormigón y el humo?