Buceando en la vida secreta de los colores de Kassia St. Clair me encuentro con la historia de dos púrpura milenarios, empleados para teñir textil. Cada uno de un continente y con una historia muy diferente. Uno de ellos aún se utiliza en nuestros días, la fórmula del otro se perdió para siempre.

PÚRPURA DE CARACOL

De origen ancestral la extracción de este tinte es cuidada por maestros tintoreros mixtecas de la región mejicana de Oaxaca.

Las madejas teñidas con este tinte son después tejidas por las mujeres mixtecas en sus telares de los que salen faldas, auténticas obras de arte, que envuelven sus caderas.

PÚRPURA DE TIRO

Desarrollado en la cuna del mundo clásico (Grecia, Roma, Bizancio…), extraído del molusco Murex Brandaris, presente en el mediterráneo.

El resultado de la compleja fabricación de este tinte eran telas y paños que sólo podía vestir la élite.

Como veremos ambos púrpuras procedían de moluscos marinos, pero su método para obtener el tinte y todo lo que gira entorno a su producción es muy diferente

El púrpura de caracol o púrpura pansa

Cuando uno piensa en un tinte que se extrae de un caracol, deduce con acierto que el caracol tiene un destino fatal, sin embargo la extracción de este tinte milenario es sostenible para la población de este caracol (Púrpura Pansa) si se hace por manos expertas.

Existe un respeto casi ritual por parte de los tintoreros por este caracol como recurso, una tradición y conocimiento que se transmiten de generación en generación como una parte importante de su cultura.

purpura-pansa

Este caracol habita entre las rocas húmedas de las costas del pacífico mejicano.

Los tintoreros recorren kilómetros (antes a pie) hasta las zonas donde se sabe que habitan, en una época específica del año donde las aguas del mar bajan.

Se adentran en las rocas con los pies descalzos y la mirada atenta a la mar, no sea que el romper violento de una ola los arrastre o los haga perder el equilibrio. Sus herramientas son: un palo de madera, trabajado en su dos extremos para poder extraer el caracol de la roca sin dañarlo, y, colgando de su antebrazo, llevan una madeja de hilo blanco de algodón listo para teñir in situ con el líquido blanquecino que segrega el caracol para defenderse del intruso que le despegó de la roca.

El tintorero después devuelve el caracol a la roca, a una zona húmeda y sombreada, ya que es delicado y puede morir si se queda expuesto al sol, además tarda en volver a adherirse a la roca unos minutos.

El líquido blanquecino del caracol sobre el algodón se vuelve primero verde, por el contacto con el oxígeno del aire, después debe dejarse secar al Sol para que este termine por darle el particular tono púrpura característico que queda indeleble unido al tejido.

Los tintoreros sólo desarrollan esta actividad durante unos meses al año puesto que, a parte de que el caracol tarda un tiempo en volver a producir el tinte, deben atender a las mareas y a la luna, ya que no siempre son accesibles las zonas donde habitan los caracoles. Además respetan la veda establecida para extraer el tinte. Eso protege al caracol y a su hábitat.

Las mujeres tejedoras mixtecas elaboran con el “hilo de caracol” entre otras prendas el pozahuanco, una falda que se enrolla en la cintura, y se fija con un ceñidor (un cinturón). Para esta falda también emplean hilos teñidos de añil y grana cochinilla.

LEGADO EN PELIGRO

La historia de este caracol tuvo una etapa dramática cuando se permitió la explotación del recurso a una empresa japonesa para fabricar el “Púrpura Imperial” nipón. Las gentes nativas consiguieron finalmente que el gobierno mejicano revocara este acuerdo que había sido muy perjudicial para el caracol, puesto que quienes trabajaban para la empresa nipona no sabían del método tradicional que preserva y respeta la delicada vida de este caracol, por lo que la población de este se vio diezmada. Últimamente de nuevo está en peligro debido al turismo, al cambio en el ecosistema que afecta al alimento del caracol, y a nuevas modas gastronómicas que explotan este recurso para hacer cócteles. Pero aún hay maestros tintoreros que tiñen sus madejas de esta manera.

El Púrpura de Tiro

El método de extracción del púrpura de Tiro y todo lo que gira entorno a él, es totalmente diferente.

El caracol Murex Brandaris ha sido capturado desde 1600 A.C. a lo largo de la costa mediterránea por griegos, romanos y bizantinos hasta que la fórmula se perdió para siempre.

Cada caracol guarda tan sólo una gota de tinta en su interior, por lo que hacía falta millares de ejemplares para conseguir suficiente tintura. Esta es principalmente el motivo de su alto coste, sólo al alcance de la élite, (emperadores y familias poderosas), tan valioso como el oro.

Murex Brandaris

El proceso de elaboración se mantenía en absoluto secreto entre los fabricantes, pero se sabe que, había que extraer la preciada gota de tinte que aguardaba en el interior de una glándula del caracol, para ello había que abrir la concha (evidentemente el caracol moría).

El líquido-tinte exprimido de la glándula (transparente al principio que, con el aire y al luz del sol, se volvía amarillo, verde mar, azul y finalmente púrpura), se mezclaba entonces con orín añejo (por el amoniaco que actúa de mordiente para fijar el color en el tejido) y se dejaba fermentar unos días. En esa mezcla se “bañaban” los paños y tejidos que luego con un reluciente púrpura cubrirían los cuerpos de hombres y mujeres pudientes.

El olor de la mezcla en su proceso de fabricación era tan desagradable que se sabe que los talleres donde se elaboraba el púrpura de Tiro estaban alejadas de los núcleos de población.

Tal era la asociación de este tinte y este color al poder que durante una época el César se reservó el derecho a vestir con este color en exclusiva, bajo pena de muerte.

En el imperio bizantino se decía que los grandes reyes o aristócratas nacían en púrpura, debido a que les envolvían con sábanas de este preciado color.

Buscaba la cura contra la Malaria y encontró el color Malva

Cuenta Kassia St. Clair en su libro que por suerte para el Murex (el del Púrpura de Tiro) la fórmula se perdió y para cuando las propiedades tintóreas de este caracol y él mismo fueron redescubiertas en 1856 por el biólogo Henri de Lacaze-Duthiers, ya existía otro tinte púrpura de “moda” de origen sintético: El malva de William Perkin, quien lo creó por “accidente” mientras buscaba un modo de sintetizar la quinina para usarla de remedio contra la malaria.

“La vida secreta de los colores”
Kassia St. Clair

Teñir con caracol púrpura: técnica mixteca ancestral y sustentable.
Artículo en ADN40, medio de comunicación mejicano.

Caracol púrpura, tinte bajo riesgo.
Artículo en “El Mañana”, medio de comunicación mejicano.

Caracol púrpura pansa.
Artículo en “Respuesta Periodística”.

Los tintoreros mixtecos, Habacuc Avendaño y el caracol púrpura.
Vídeo testimonio de tintorero 

Comisión Nacional para el desarrollo de pueblos indígenas.
Vídeo Caracol Púrpura

Las imágenes y dibujos de este artículo son de creación propia, son una representación artística de los moluscos e imágenes inspiradas por la historia y están bajo esta licencia de Creative Commons.