Mis pensamonstruos se retroalimentan con la forma de expresarme, y me expreso en función de como pienso. Cuando mi corazón se encoje de miedo, y lo maquillo de rabia, o de fingida elocuencia, todo lo que sale por mi boca y mi modo de expresarlo es alimento para este pensamonstruo. Le di el poder de hacer “la mierda” realidad.

Siempre hay una intención detrás de cada una de nuestras palabras (sea en el idioma que sean) es la intención la que tiene poder no la palabra en sí, el poder de influir en nuestro modo de percibir el mundo y en el modo en que el mundo se comunica con nosotros. Observando la intención detrás de nuestras palabras podemos dilucidar a qué estamos alimentando cuando hablamos.