A veces, más de las que quisiera, me despisto, y dejo a algún pensamonstruo tomar las riendas de lo que sale por mi boca.

Esos momentos en que sé que en realidad no pienso como estoy expresando, pero me ha poseído un miedo agazapado detrás de un pensamiento y me flaquea la voluntad y pilota mi lengua el pensamonstruo hasta que ha soltado toda mi mierda. Y luego no, no me quedo agusto, no siento ninguna paz, no es como cuando dices cuatro cosas bien dichas. Esto te deja manchada, irritada y confusa.

¿Y el miedo que hay detrás? Casi siempre miedo a ser rechazada, este miedo siempre me trae ansia de gloria o ansia de pena, en lugar de aceptar mi valor tal cual sin pena ni gloria.