El tema principal de la exposición y de la obra colectiva del CreaVA19 en la Escuela de Arte, era “el libro”. Por ello me propuse dar a conocer brevemente los inicios de la imprenta en Valladolid. Su historia es tan interesante como desconocida. En esta obra resumo, en un desplegable, las 3 curiosidades más destacadas, y vuelvo a jugar con la doble imagen que da la luz y la oscuridad como ya hice con las postales encendidas.

Un libro plegable

Tras varias pruebas y experimentos, desarrollé un libro que se despliega y se transforma en un cubo que se ilumina desde la base. Al poderse plegar y convertir en libro es muy sencillo de guardar

Además de eso, lo más interesante de este libro es la historia que cuenta sobre los albores de la imprenta en Valladolid. Esta información está documentada y me llevó mucho tiempo de trabajo y de investigación, aquí puedes leer el resumen del que hablaba el libro encendido de la Ymprenta V.

La primera imprenta

La primera imprenta en Valladolid se estableció en el Monasterio de Nuestra Señora del Prado alrededor de 1481 a cargo de los monjes de la Orden de San Jerónimo.

La producción estaba destinada a la impresión de las bulas de cruzada y de indulgencia. Estas bulas eran documentos que vendían perdón y ventajas espirituales por un precio módico a la población.

Con la venta de bulas se financiaban guerras y otros menesteres de reyes y religiosos. Emitir estos documentos oficiales era un privilegio de impresión que los Reyes Católicos, con el permiso del Papa Sixto IV, concedieron al Monasterio y sucesivos monarcas les renovaron durante siglos.

Maestro impresor

La floreciente actividad impresora del Monasterio atrajo a Valladolid a los primeros tipógrafos impresores que montaron sus propios talleres en la ciudad, aunque en aquella época temprana estos impresores tenían una vida nómada, viajaban de una ciudad a otra en busca de nuevos encargos.

En sus viajes se llevaban consigo sus preciados tipos móviles ya que fabricarlos era un trabajo de artesanía que requería una gran habilidad al alcance de muy pocos orfebres, curiosamente algunos también se convirtieron en tipógrafos impresores.

Difundir la palabra escrita era un gran poder y tenían que tener cuidado con los encargos que aceptaban ya que podían acusarles de herejía.

El Papel de La Esgueva

Pocas imprentas pudieron permitirse fabricar en la región el papel que utilizaban, en lugar de importarlo todo de ciudades vecinas o del extranjero.

Los monjes jerónimos instalaron dos molinos de papel, uno de ellos a principios del s. XVII, en el ramal Sur de la Esgueva, en el barrio de San Juan, cerca de la iglesia. Aunque no tenía suficiente caudal y el molino no podía trabajar todo el año. Varios ciudadanos, especialistas y aprendices, trabajaban allí para fabricar papel a partir de trapos para la impresión de las bulas.

Parece que estuvo funcionando hasta la Guerra de la Independencia de 1808, pero su pista se pierde entre legajos y poco más se sabe de cómo fue el final de este molino de papel de la Esgueva.

Próximamente la historia completa ilustrada de los inicios de la imprenta en Valladolid.

Este artículo pertenece a el resumen de mi participación en el CreaVA 19