El miedo de que no pienses o no seas como yo me enciende. Me aterra la soledad que encierra pensar que tu pensamiento y el mío no van de la mano, por la soledad que me genera. No se entienden. La eterna lucha, el problema de no concebir que al igual que en un campo silvestre hay variedad de flores conviviendo en el bosque humano de mentes ocurre lo mismo.

Pero no, creemos en el “pensamiento único” como si eso pudiera existir… esclavizamos nuestras creatividades y esta presión, este atarnos tan fuerte, nos frustra, nos llena de rabia, de ira y de tristeza. Su intensidad me lleva a la soledad y la sigo retroalimentando cuanto más alejada de ti me siento. Borracha de la idea de que tenemos que pensar igual y, si no es así, uno debe aplastar al otro. Competir… siempre, como si eso nos llevara a algún lugar…

Noto como este pensamonstruo incendia mi emoción, me araña el corazón, lo desgarra mientras se encoje.

La Rabia. Pensamonstruos®. Estela Labajo Duque

A veces estamos en una posición de poder que nos permite someter al otro, someter su pensamiento. Lo hacemos en los ejemplos más simples y más cotidianos, sobre todo con las personas que amamos, y casi siempre sin darnos cuenta de ello. Pero someter al otro es someternos a nosotros mismos, a todas aquellas partes de nosotros que no dejamos ser, y el acto en sí, brutal, retroalimenta este pensamonstruo. Puesto que cuanto más lejos me siento de tí, más poderoso le hago en mi mente.

¿Donde nos dijeron que tenemos que pensar igual? ¿Para no sentir la soledad y la responsabilidad de nuestra existencia? ¿Por qué nos da tanto miedo perder el control sobre los pensamientos de otros? Somos tan dependientes, tan vampiros unos de otros que no soportamos la idea soltar todos los amarres y construimos un mundo ilusorio de dominio sobre los demás donde jamás habrá paz, ni plenitud, porque desde el principio se niegan.

El poder, al igual que nuestro miedo, busca un estándar de pensamiento, que es de por sí completamente antinatural y sólo genera pensamonstruos. El pensamiento en origen es incontrolable, e impredecible. Lo único que podemos hacer es observar qué nos sucede, qué nos mueve cuando no pensamos igual, de qué modo eso puede hacer que ambos convivamos en respeto y de qué modo podemos aprender el uno del otro.

La Rabia. Pensamonstruos®. Estela Labajo Duque