Era en mí antes que yo misma, y era, ya, antes de sí mismo.

Fue un cúmulo de células que entretejieron tejidos, siguiendo la inspiración de la sabiduría de la Vida, bailando al son de la misteriosa causa, que todo lo ordena y desordena, fue creando el efecto.

En un momento pudo ser lo que llaman próstata y siento que eso me hubiera conectado más a las estrellas y al Sol, pero siguió adelante como útero y me adentré en la tierra de mí misma y dormía dentro de otro útero, escuchando ese sonido indescriptible en palabras, un útero dentro de otro.

Eso fue en mi antes que yo misma.

No puedo saber lo que es para otras personas. Pero sí puedo decir que no tiene nada de especial, es tan especial y tan asombroso como sólo puede serlo aquello que es natural, lo que fluye, lo que respira. Sin más.

Útero me habla desde hace mucho tiempo, recoge mis humores, engendra ideas y mensajes, se encoje con el miedo, se expande ante la belleza, sonríe, cuando se expande es como si sonriera. Late, muchas veces late como un segundo corazón, sin que de nuevo pueda ver o conocer la causa, pero late. Sé que es extraño pero debo quitarme el miedo y asumir lo que en mi fluye de forma natural, sin nombrarlo de modo específico y es que él recibe información y la transmite. Escucho a través de él lo creativo, me di cuenta de que el hecho de que pueda crear un ser humano es un efecto más de la causa creativa por la que se desarrolla en los cuerpos.

En su cuna me acuno y recojo las semillas y las ideas que tienen que darse a luz, que tienen que ser nacidas. Y las amo y las cuido como hijas, y las dejo ir cuando llega el momento porque no son mías.