Elegir. ¡Qué dilema! En una encrucijada cuando me importa (tal vez demasiado) el camino a elegir, este pensamonstruo alimentado por el miedo a equivocarme me paraliza por completo, me hunde en la tristeza, y la prisa, que no es otra cosa que el miedo a llegar tarde, no consigue más que retroalimentar el miedo a equivocarme en mi elección.

A veces necesitas parar, sentarte a pensar antes de elegir, pero te sientes culpable por parar porque “hay que producir” dicen, “hay que seguir adelante” y muchas veces te animan a seguir de formas buen-rolleras, lo cual es aún peor. A veces el camino está haciéndose y aún no está listo y tienes que volver mañana, pero claro, eso tú no lo sabes, porque estás cegado por el miedo te hundes en la amargura, o escoges un camino que no deseas en realidad.

Aprender a elegir camino, el camino que te traiga paz y te permita seguir creciendo y conocerte se aprende con la propia vida. A veces tengo más claro lo que NO quiero que lo que quiero. No conozco mejor forma de aprender que equivocarme.