Quieres meterte en esa horma, pero no entras, te metes a presión y tardarás explotándote todo fuera de nuevo.

Nos escondemos en zapatos. Decidimos que la piel ya no escuchara la Tierra, ni su latir, por si acaso, por miedo a nuestro propio sentir, a la intensidad de la sencilla Verdad, a la responsabilidad de conocerla. Encerramos nuestra esencia en zapatos de ciudad. Pero lo esencial no puede ser contenido, ni retenido. Lo esencial es libre, pleno, amoroso y salvaje como el latir de la Tierra a la que de un modo u otro nuestra piel regresa.